martes, 23 de octubre de 2012

Pipi y Pipito



Leandro es un hombre de sesenta y pico de años, multifacético, reconocido periodísta, conductor radial, escritor, artista, amante de sol y del aire libre. Nació en una casa con perros, gatos, loros, cotorras, gorriones, gallinas, con fondo y jardín. Siempre tuvo perros como mascotas.
Un día, caminando hacia su casa, lo llama un joven muchacho.
- ¡Don Leandro! ¡Don Leandro! , lo llama.
Leandro se da vuelta,
- Fabián, qué gusto verte, le dice. ¿ Qué te trae por acá?
Fabián es el hijo de su mejor amigo de la infancia.
- Don Leandro, le traigo de regalo este canario.
- No hijo, tú sabes muy bien que amo a las aves, pero, en libertad.
- Por favor acéptelo, no sabe volar, es de una generación que nació en cautiverio y si lo liberamos, vuela tan bajo, que hasta el gato se lo come.
- Ok, lo agradezco, y, lo llevo una semana a prueba, a ver si resisto verlo encerrado en una jaula.
- No se va a arrepentir, lo despertará cada día y le alegrará el día. Sólo tiene, cada tres días limpiar la bandeja, cambiar el agua y el alpiste.
Leandro tomó el regalo y lo llevó a su casa, su mujer y su hija festejaron el regalo y le compraron alpiste.
Al otro día a las seis de la mañana, comenzó el jolgorio, y, a la semana ya les había cambiado el humor a los miembros de la familia, todos estaban contentos y todos le hablaban al canario que llamaron Pipi.
Llegaron las vacaciones, se llevaron a los perros y dejaron a Pipi al cuidado de la hija.
A los dos días del regreso, la hija llama a los gritos al padre y le dice:
- Papi, mami vengan a ver a Pipi, está acostado de espalda en la jaula.
Cuando fueron a verlo, ser dieron cuenta que había muerto. 
- Papí, mami, miren en el balcón, está lleno de loros y cotorras, 
Eran alrededor de 8 aves que estaban presenciando la escena.
Leandro con su mujer, lo pusieron en una bolsa de nylon y se dispusieron a enterrarlo en una maceta del balcón. Cuando terminaron, las aves que vinieron a acompañar el duelo de Pipi se fueron. Lo raro de todo es que Leandro, vive en la gran ciudad donde no habitan ni loros , ni cotorras.
Congoja, llantos, tristeza empezó a reinar en la casa, Leandro fue a una veterinaria y compró otro canario, al que llamaron Pipito.
Nunca más lo dejaron, luego se iban de vacaciones con los dos perros y Pipito.


Puede ser un cuento, es una historia real, que la disfruten, especialmente, a los amantes de las mascotas.
                                                       
                                                                              Norma Soriano.-

13 comentarios:

Armando dijo...

Muy bonita y enteñable.
Un fuerte abrazo.

C.S.Peinado dijo...

Los animales saben más de lo que nosotros pensamos... Hoy mismo ví morir un perro atropellado, rápido, de un golpe en la cabeza. Nunca podré arrancarme ese mal trago del corazón.

Un saludazo.

Maria Rosa Giovanazzi dijo...

Hermosa historia que llega al corazón.me hiciste acordar que hace algunos años teniamos en casa dos perras una viejita y otra cachorra. La viejita murió y la perrita se paso tres días bajo un mueble del lavadero sin probar bocado. Según el veterinario, los perros no entienden de muerte, pero a mi me sucedió así. ¿Cómo lo explicamos?

Un beso.

María Bote dijo...

Preciosa y entrañable historia, me encantan los canarios. Un primo mío murió hace poco y a los tres días, su viuda se acerco a la jaula como todas las mañanas al levantarse y, se lo encontró muerto, estaba claro, murió de pena por la muerte de su dueño que, diariamente se pasaba horas sentado junto a la jaula escuchando sus preciosos trinos.

Entre los humanos, nadie muere por nadie, pero, las mascotas, sí mueren por sus dueños y amigos.

Besos. María

Montserrat Sala dijo...

A mí me ocurrió una cosa muy parecida. De recién casada y con mis tres hijos todos en un puño, nos regalaron un canario. Tenia la particularidad de que cuando los niños lloraban o gritaban en juegos, el canario cantaba y cantaba sin parar, haciendo que los decibelios, subieran alarmantemente. Un mañana abro la jaula y el pobre había fallecido. No te puedes imaginar el disgusto que tuvimos todos grandes y pequeños. Sobretodo yo, que fui la mas reacia en aceptarlo.Me disgusté
tanto que hasta lloré.
Besos

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Hola Norma.
Igual murió de añoranza.
Es que con los animales domésticos pasa esto, que siempre se tienen que llevar detrás si se van a unas vacaciones largas.
Un beso grande, Montserrat

AMBAR dijo...

Triste, bella y muy real, los animales tienen sentimientos igual que nosotros y están necesitados de cariño, saben dar cariño mejor que nosotros.
Un abrazo.
Ambar.

Francisca Quintana Vega dijo...

Bonita historia...con enseñanza. Un beso.

PEPE LASALA dijo...

Qué historia tan tierna Norma, llena de belleza y cariño, me ha gustado mucho. Un fuerte abrazo desde el blog de la Tertulia Cofrade Cruz Arbórea.
http://tertuliacofradecruzarborea.blogspot.com/

Dolce Voce - María Eugenia dijo...

Hola, Norma

La realidad supera siempre a la ficción.

Qué bonito tuvo que ser ver a todas las aves reunidas para acompañar a Pipi.

Besotes.

Camelia dijo...

Hola Norma.
Me ha gustado mucho esta hermosa y triste historia de Pipi..
Un cariñoso abrazo y lindo fin de semana..

Patricia dijo...

Gracias por compartir la historia, ojala mas personas consideren el cuidado y amor que una mascota necesita al leerla, me llego al corazon, conmovedora....
saludos,

La abuela frescotona dijo...

me gusta la historia y me recuerda que tengo mi canaria como una incubadora desde la primavera, tres veces se ha encluecado y ya tengo 11 aves y no se como desconectar la canaria, Normita plumiferos saludos