sábado, 19 de julio de 2008

Un hombre,...una vida

Los hijos de Samuel y Sara:

Mateo tendrá una entrega especial, por lo tanto, me ocuparé de sus hermanos: Judit y David.

Judit, rubia tirando a pelirroja, con pequitas, siempre atenta a las necesidades de su madre, a quien ayudaba en los quehaceres de la casa, mientras sus hermanos ayudaban en el campo. De fuerte personalidad, solidaria, de gran corazón, muy querida por todo el entorno. Supo hacerse de grandes amigos. Todavía no tenía 18 años, cuando con su título de Bachiller, se mudó con su hermano Mateo, a la Capital Federal. Su objetivo era llegar a ser médica, y, lo fue. A los 25 años, recibida con honores, con la residencia hecha, se aprestaba a la tarea investigativa, pues la especialización que la apasionaba era la oncología. Así, comienza a trabajar y a investigar en una fundación oncológica.
Su madre le había trasmitido la necesidad de casarse y tener hijos, mantendría así principios étnicos. Deseos maternos, casarse y tener hijos, que aún no estaban en los planes de Judit.
La cuestión es que la joven se ganó una beca para hacer su especialización en Francia. Sus padres la ayudaron con algunos costos y a Europa se marchó. Se radicó a 10 kms de París en la casa de sus abuelos maternos.
Mientras realizaba su especialización, comienza a hacer guardias en una clínica oncológica de París. Allí conoce al joven Director de la clínica, también avocado a la investigación. En poco tiempo se casan.
Los estudios de laboratorio y las vacunas, empezaron a hacer efectos en los pacientes. Evidentemente estaba en el lugar y con la persona adecuada, y, haciendo lo que más deseaba en su vida, salvar vidas.
Judit con su esposo viajó varias veces a Argentina, a ver a sus padres, a David y a sus sobrinos. Siempre rondaba en su cabeza el fantasma de la nostalgia, hacía un viajecito y se le pasaba.
El matrimonio abrió una clínica en Lyon y otra en Niza. En Correns, compraron una gran casa rodeada de plantas frutales, pileta de natación y cancha de tenis. Como no pudo tener hijos, adoptó dos niños y los crió la mayor parte del tiempo en esa zona rural del sur Francia, a sólo 100 kms de la clínica de Niza.

David, era el menor, fue el que tardó más tiempo en dejar la casa paterna. Cuando tuvo la edad para hacerlo, emigró a la gran ciudad a estudiar agronomía, se recibió de ingeniero agrónomo. Trabajó en el I.N.T.A., donde amplió su capacitación. Se casó con Débora, quien le dio 3 hijos varones y 1 hija mujer.
Logró montar una importante empresa cerealera – oleaginosa en los campos de sus padres. Su vida comenzó a ser un ir y venir. Samuel fue muy generoso con él, invirtió el dinero una herencia en el proyecto de David.
10 hectáreas las destinó a una planta procesadora de aceite, otras 10 has. al acopio de cereales propios y los que provenían de otros productores rurales. David, había engrosado a 160 las hectáreas de sus padres, así que el resto las destinó al sembradío de cereales oleaginosos, dejando a cargo a uno de sus hijos.
En San Pedro estaba la matriz de la empresa, donde se hacían las grandes operaciones con el interior y se trataban las exportaciones.
La empresa contaba con una infraestructura propia: rutas, camiones, barcos. Con las provincias del interior utilizaban trenes, por los costos más baratos y los barcos operaban con países limítrofes y no limítrofes.
En la Capital Federal, en el departamento que había sido usado por los tres hermanos, mientras realizaban estudios universitarios, su hija recibida de abogada, ejercía la personería jurídica de la empresa y resolvía los conflictos jurídicos, gremiales y legales que se presentaban.

2 comentarios:

Norma Cristina dijo...

Estamos en el planteamiento de tu cuento -o, tal vez, de tu "novela corta"-. Nos ubicaste temporal y espacialmente, y ahora estamos en plena presentación de personajes.A cada uno lo pintás minuciosamente, sin querer perder detalle.
Hasta ahora,desde los padres a los hijos, todos son laboriosos, con espíritu de progreso y crecimiento. Unos, con las manos, otros, con el intelecto, pero todos son modelos a seguir: típico de la mayoría de los inmigrantes que lo dieron todo en este país, aunque, en muchos casos, con resultados no tan gratificantes como los de esta familia.
Pero, si bien la realidad representada es ficcional, su mérito radica en que, en tiempos tan críticos como los que vive la sociedad, sus personajes dejan un claro mensaje a sus lectores, cualquiera sea su edad:
la vida es un permanente desafío, un reto, y sólo pueden ganarlo quienen se fijan una meta,y, con tesón y un gran esfuerzo buscan llegar a ella, cueste lo cueste...
Y, cuando esto se logra, el disfrute es maravilloso, porque no sólo se goza por haber llegado sino que, al volver la vista atrás, se ve la sinuosidad del recorrido y los obstáculos vencidos. Entonces, se toma conciencia de la verdadera dimensión de lo que se hizo y de lo que se es... ahí se comprende que no se trató de caminar en vano, sino HONRAR LA VIDA! Cariños. N.C.

Norma dijo...

N.C.
Gracias por tu comentario, en realidad el cuento se trata de eso, el tránsito por la vida, y, que éste, no sea en vano. Sólo con estudio, trabajo, esfuerzo se logra el éxito. Unos lo alcanzan antes, otros más tarde. También están los que no lo logran nunca, bueno, entonces tendrían que ver cómo recorrieron el camino.